ANDREAS FABER-KAISER

MK-ULTRA: HACIA LA MUERTE MENTAL

Los experimentos orientados hacia la modificación del comportamiento, o lavado de cerebro, se iniciaron antes de 1939. Más tarde fueron perfeccionados con la ayuda de sicotrópicos tales como algunos derivados de la ergotamina. Después de la Guerra las investigaciones se aceleraron culminando en el proyecto MK-ULTRA realizado cerca de Palo Alto. Pero los principios del método no son nuevos. Los ejercicios espirituales de los jesuitas corresponden al mismo tiempo de modificación del comportamiento. Algunos autores han llegado a manifestar que el propio Marx sufrió un lavado de cerebro con la mismas técnicas mientras estudiaba en Berlín.

«Lo malo es que, en última instancia, algunos a veces ya no saben para quién están trabajando realmente». Son palabras graves para ser pronunciadas por una persona tan puntualmente informada como lo es Ismael Medina. «¿Se experimenta sobre las posibilidades de aplicación del control mental?» preguntan a altos mandos militares en Melilla (1980), al Jefe del Estado Mayor en Madrid (1983) y a la Dirección General de la Guardia Civil (1983): «Sí...sí...sí...» es su respuesta. El eco es el mismo. Grave. La libertad mental es la más íntima que nos queda y también esa nos la pueden controlar con excesiva facilidad. Este reportaje es a la vez una denuncia y un aviso. Ni Pershing, ni neutrones, ni guerra bacteriológica: la guerra mental es la más limpia y anónima aún y ya actúa entre nosotros.

EL PROTOCOLO DE LA MUERTE PROGRAMADA

14 de noviembre de 1978: Leo J. Ryan, 53 años, 5 hijos, miembro demócrata de la Cámara de Representantes, desembarca en Georgetown, capital de la Guayana, junto con sus ayudantes, varios periodistas y unos abogados de la secta de los templarios del pueblo. El número dos de la embajada norteamericana, Richard Dwyer, los acompaña a Jonestown. Allí mantienen una entrvista con Jim Jones. Los testimonios acusadores que recogen son abrumadores y una veintena de fieles se acogen a la protección de Ryan y le piden ser repatriados a Estados Unidos.

El sábado 18 de noviembre, el grupo abandona Jonestown y acude al aeropuerto de Port Kaituma, donde les esperan unos aviones. Repentinamente se produjo el ataque saltan unos hombres que abren fuego, matando a cinco personas entre las que se cuenta Leo Ryan, e hiriendo a otras diez. Dos días más tarde 900 cadáveres conforman el terrorífico broche final de un ensayo mental de la Inteligencia norteamericana.

TRAMPA DELIBERADA

Año y medio después, los hijos del diputado decidieron presentar una denuncia contra el Gobierno norteamericano. De la instancia presentada ante la Corte del Distrito Norte de California por su abogado, Marvin E. Lewis, se deduce que el Departamento de Estado estaba perfectamente al corriente de las actividades oscuras de Jim Jones en el campo de experimentación de Jonestown.

Retrocedamos al origen de los hechos: en agosto de 1977 la revista New West de San Francisco publica una investigación de Marshall Kilduff y Phil Tracy denunciando las prácticas de James Warren Jones, para los amigos Jim Jones. Diez antiguos miembros de la secta contaban allí las torturas, las extorsiones de fondos, las amenazas de muerte. El lugarteniente-gobernador Mervyn-Dymally intenta obligar a los periodistas a interrumpir su investigación, lo que contribuirá a su fracaso electoral en noviembre de 1978.

PROYECTO DE SUICIDIO COLECTIVO

Más adelante, reemprende la investigación el San Francisco Examiner y revela que varios centenares de adeptos han sido obligados a entregar sus bienes a Jones. Deborah Berkeley logra escapar de Jonestown y narra a unos reporteros de San Francisco Chronicle las condiciones de vida en la comunidad de la selva de la Guayana. Revela además, por vez primera, la existencia de un proyecto de suicidio colectivo.

Es entonces cuando interviene Leo J. Ryan. En Washington pide repetidas veces al Departamento de Estado informaciones sobre el People's Temple de la Guayana. Le responden que la colonia de Jonestown no ha sido objeto de ninguna investigación, y que las altas esferas no disponen de ninguna noticia al respecto.

Ryan decide actuar entonces en el marco de la Cámara de Representantes. A petición propìa, es nombrado jefe de una «Misión del Gobierno de los Estados Unidos encargada de investigar las alegaciones de malos tratos inflingidos a ciudadanos norteamericanos en la colonia de Jonestown, en Guayana». Misión oficial, a cuyo título todos los servicios gubernamentales estaban obligados a aportarle su ayuda, a transmitirle sus informaciones y a asegurarle su seguridad.

SENTENCIADO POR LA CIA

En la documentación aportada por los hijos de Ryan se acusa nominalmente a John Brushnel, que era entonces adjunto a la subsecretaría de Estado para los Asuntos Interamericanos; a Richard McCoy, en aquella época cónsul general de los Estados Unidos en Georgetown; y a John Burke, agente consular. De Richard McCoy diría en su día Hoding Carter, portavoz del Departamento de Estado, refiríendose a los días de la matanza, que «había desempeñado su tarea conforme a las más severas exigencias profesionales y morales». De la denuncia de los hijos de Ryan se desprende que McCoy estaba informado de lo que estaba sucediendo en el campo de Jim Jones, y de que además del Departamento de Estado, también la CIA estaba perfectamente al corriente de lo que hacía el People's Temple. Uno de sus agentes, Philip Blakley, vivía en Jonestown, donde se había convertido en uno de los hombres de confianza de Jim Jones, mientras que Richard Dwyer, el mismo que acogió a Ryan y lo acompañó a Jonestown, era un agente de la central de interligencia norteamericana. En el documento judicial de Marvin E. Lewis puede leerse textualmente que la acusación de los hijos de Ryan se funda en «el hecho de que los agentes citados trabajaban por cuenta del Departamento de Estado y de la CIA con el fin de utilizar la colonia de Jonestown como campo de experimentación del control mental en el marco de las investigaciones emprendidas por la CIA en el programa MK-Ultra».

MK-ULTRA

El escándalo del control mental estalló en los Estados Unidos en 1975, tras el suicidio de Frank Olson, quien dos años antes se había defenestrado desde el décimo piso de un edificio de Manhattan, aparentemente a consecuencia de un ataque de locura. Sorprendió en aquel entonces que el Consejo General de la CIA declarara que Olson había muerto «en acto de servicio». El suicidado era químico al servicio del ejército y estaba participando en investigaciones secretas sobre los efectos del LSD en el cerebro humano, para conocer el modo de empleo de alucinógenos durante los interrogatorios.

Una comisión del Congreso ante la que fue obligado a declarar el almirante Stansfield Turner, director entonces de la CIA y amigo personal de Jimmy Carter, reveló que estos experimentos habían formado parte de un programa secreto sobre el control mental, bautizado como MK-Ultra. El caso del People's Temple indica que Jim Jones habría participado en dicho programa.

DE LOS PANTERAS NEGRAS AL FASCISMO

Así, sorprendieron algunos aspectos en lo que se refería a las implicaciones políticas. Es evidente que allí no se experimentó solamente con la comunidad del Templo del Pueblo, sino que previamente se operó también con éxito un cambio de personalidad en la figura de su líder.

A finales de los años 50, Jim todavía alimentaba y procuraba empleo y ropa a quienes nada tenían. Luego fundó una colonia de protección contra la guerra nuclear en California. En 1970 montó en San Francisco una iglesia que ofrecía trabajo y ayuda a los necesitados; instalaciones hospitalarias, una guardería, una carpintería, una imprenta. Conactó con Angela Davis, con los Panteras Negras que vieron como su ídolo George Jackson era asesinado por un guardián de la prisión de San Quintín, con el jefe indio Dennis Banks. Luego puso todo su entusiasmo al servicio de la campaña electoral de Jimmy Carter, pero no convenía, naturalmente, y saltó.

Ya fuera, en la Guayana, se operó su cambio subliminal. Una creciente manía persecutoria se adueñó de él. temía que su Jonestown fuera desmantelado por la fuerza, encarcelados los negros y aniquilados por la CIA los blancos. Para no caer en esas garras se imponía en último extremo el autoaniquilamiento. A ese fin encaminó a sus seguidores y ese fin de ensayo llegó inexorablemente. Antirracista, antifascista, Jim Jones acabó aplicando las más rigurosas reglas dictatoriales en su campo de concentración y finalmente el exterminio. Una labor exquisita en dos niveles —el individual y el colectivo— de los especialistas de la inteligencia mental norteamericana, desrrollada a partir del proyecto MK-Ultra.

LA HISTORIA EMPIEZA EN BUDAPEST

Esta primera operación de control mental, de la que derivan las actuales investigaciones en este campo, duró de 1952 a 1965, costó mil quinientos millones de pesetas e involucró a 185 sabios que en estricto secreto llevaron a cabo 149 experimentos diferentes en 44 universidades e institutos, 15 fundaciones y laboratorios, 12 hospitales y 3 penitenciarías.

Comenzó en 1949, cuando el cardenal Midszenty, ante la sorpresa general, reconoció los cargos que le fueron imputados por los jueces de Budapest. El primado de Hungría había sido sometido a un lavado de cerebro. «Al principio —declaró el director de la CIA Stanley Turner el 3 de agosto de 1977 ante el Congreso— el proyecto MK-Ultra fue un programa defensivo para saber cómo habían conseguido los soviéticos y sus aliados controlar el cerebro humano mediante drogas o el lavado de cerebro. Pero ya en los años 50 los objetivos convirtieron el proyecto en ofensivo». Un psiquiatra de la Cornell University, amigo del entonces director de la CIA Allen Dulles, creó la Society for Investigation of Human Ecology (Sociedad para la Investigación de la Ecología Humana), tapadera de la CIA y en cuyo marco se experimentaron todas las técnicas posibles del programa MK-Ultra.

SUPRIMIR LA MEMORIA

Se buscaba ahora la provocación de la amnesia a voluntad, para conseguir interrogar a un espía enemigo sin que él ni sus superiores advirtieran que había revelado sus secretos, al tiempo que se lograría suprimir datos comprometedores de la memoria de los agentes propios antes de enviarlos a misiones en países enemigos. Lo mismo valdría para borrar la información acumulada cuando cesaran en el servicio activo.

Entre los documentos que se dieron a conocer en 1977 figura la contratación de un mentalista profesional, John Mulholland, fallecido en 1970.

Un portavoz de la CIA declaró que «recurríamos a él cada vez que un acontecimiento rebasaba los límites de nuestro entendimiento y podía tratarse e un recurso de magia». Mulholland lograba desviar la atención de un sujeto, obligándole a mirar en la dirección que él deseaba, gracias a sus poderes hipnóticos. En 1953 se le pagaron 3.000 dólares por redactar un manual de manipulación para la CIA. De acuerdo con los términos del contrato de este Subproyecto n° 4 o MK-Ultra, el manual serviría para «administrar inadvertidamente a cualquier indivíduo no importa que sustancia sólida, líquida o gaseosa».

LOS COREANOS LAVAN MEJOR

En cuanto al lavado de cerebro, alcanzó poco antes su éxito definitivo en manos de los especialistas de Corea del Norte, que marcaron la pauta para el resto de equipos que en todo el mundo practican este sistema de despersonalización. Se siguen diez fases básicas:

  1. Destrucción de la identidad del individuo.
  2. Insinuación de su culpabilidad general.
  3. Incitación a la denuncia de sí mismo.
  4. Instauración de un clima de inseguridad.
  5. Clemencia aparente y proposición de perdón.
  6. Incitación a confesarse.
  7. Insinuación de su culpabilidad.
  8. Autocrítica por deducción lógica de su culpabilidad.
  9. Armonización de los puntos de vista entre las dos posiciones.
  10. Acabado del cambio del sujeto.

De esta forma, se le lleva a condenarse a sí mismo sin que se ejerza verdadera violencia sobre él, obligándolo a analizar de forma lógica a partir de un punto de vista erróneo. Si analizamos bien este sistema, cabría imputarles semejante práctica igualmente a las sectas dominantes y hasta convendríamos en que los coreanos bebieron en cálices sagrados: los conceptos de la culpabilidad y de la autoanulación como premisas para la purificación y el cambio de personalidad que deben conducir a la pretendida liberación o sublimación espiritual del individuo, subyacen en toda doctrina religiosa importante.

INFILTRACIÓN MENTAL

En lo que respecta a los rusos, maestros en la investigación de las posibilidades que ofrece la mente humana, para lo cual están en estos momentos logrando vertiginosos avances en el conocimiento de la composición de la sustancia de nuestra memoria, cabe decir que el Estado Mayor soviético dispone de una central de informaciones que opera bajo las siglas GRU y cuenta con una red de 30.000 agentes diseminados por los países occidentales y del Tercer Mundo.

Los objetivos de esta red consisten en la preparación de la injerencia rusa en los asuntos occidentales a escala planetaria, mediante la manipulación de la opinión por una parte, y por otra en el intento de apropiación de los progresos de la investigación de los países occidentales, especialmente en las áreas de aeronáutica, comunicaciones, informática avanzada e ingeniería militar. El procedimiento se basa en la gravación en la memoria subliminal de la documentación que se pretende obtener, en el marco de una programación hipnótica cuyas claves de reconversión solamente conocen los inductores del agente programado. Director de este grupo de contr y condicionamiento mental es el general Piotr Ivanovitch Ivashutine, quien dirige un grupo que llega a aplicar auténticas técnicas de influencia mágica en la población.

Las tentativas por convertir al ser humano en muñeco que responda inadvertidamente a determinados impulsos, seguirán siendo objetivo prioritario de cuantos pretenden dominarnos. Ahí están, en esa línea de condicionamiento mental, los de otra forma inexplicables suicidios simultáneos de varios componentes de la fracción del Ejército Rojo (RAF) en la prisión de Stuttgart/Stammheim.

El individuo humano, desde el momento en que se integra en una comunidad armónica de congéneres, puede llegar a perder fácilmente sus convicciones individuales, y pasar a asimilar el sentir global del grupo armónico del que forma parte y del que pasa a ser una célula más sin personalidad propia. Esta célula puede, en cualquier momento, cuando concurran en el preciso instante las circunstancias óptimas, transformarse en brazo ejecutor de una acción tremendamente nefasta, con el agravante además de estar íntimamente convencido de estar haciendo el bien.

Otro ejemplo, a menor escala, sería acaso el del grupo de Charles Manson en su cruzada contra Sharon Tate. En aras de la investigación, yo mismo me ví invucrado en 1982 en Florida en una espiral de condicionamiento mental que me demostró, el insospechado grado de efectividad que podría llegar a generar un encauzamiento subliminal correctamente dirigido, a un grupo homogéneo de personas. En tales circunstancias, lo de la Guayana es perfectamente comprensible y realizable. Y recientemente estábamos asistiendo a la inconcebible integración de Shannon Jo Ryan, una de las hijas del diputado sacrificado en la Guayana, a la secta del hindú Bhagwan Shree Rajnesh, que está cobrando auge inusitado en el Oregón. Se sigue experimentando con seres humanos. El precio en vidas no importa. Luche cada cual, en su parcela personal, por no perder su última libertad: la mental.

Andreas FABER-KAISER, 1987.

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